Relato humano detrás de la burocracia:
“EL SISTEMA DICE QUE USTED ES HOMBRE”
La persona que la inscribió al momento de nacer, cometió el error de marcar con una X donde dice ‘sexo masculino’. Oriana Velásquez relata aquí, en primera persona, la angustia que terminó cuando intervino la Comisión Defensora Ciudadana para resolver su problema. |
Oriana Velásquez Vargas
Puerto Montt, Región de Los Lagos.
Cuando nació mi hija Stephani mi vida se iluminó. Junto a mi esposo nos pusimos contentos, porque era nuestro gran sueño. Sin embargo esa alegría, de la noche a la mañana, se convirtió en una pesadilla.
Al acudir al Registro Civil de Puerto Montt para inscribir a mi hija, se me vino la noche por un viejo error al cual nunca le tomé peso. En el servicio no quisieron inscribir a mi bebé debido a que en el lugar yo figuraba inscrita como hombre, pese a que físicamente soy una mujer.
¿Qué pasó?
Resulta que cuando nací hace 23 años, no lo hice en un hospital. Por lo tanto, no presentaron el papel que se requería para inscribirme, un certificado de parto; así que dos testigos, mi mamá y otra mujer me inscribieron de palabra en el Registro Civil, con la mala suerte de que la persona que anotó los datos, se equivocó al anotar mi sexo. Como dije, al nacer Stephani me di cuenta del problema que me acarreaba todo esto. De hecho, casi no pude sacar a mi niña del hospital, y como mencioné, no me la quisieron inscribir en el Registro Civil, porque me dijeron que ‘la ley prohíbe a un hombre traer un niño a este mundo’, pese a que es más que obvio que soy mujer. Insistían con eso de ‘el sistema dice que usted es hombre’. Pero todo esto no fue lo peor.
Al no estar inscrita, mi hija no tuvo derecho a salud, no podía recibir leche en el consultorio y tampoco realizarse exámenes médicos. Eso para mí fue súper doloroso, porque temía por la salud de mi Stephani.
Comenzamos a tocar muchas puertas para que nos ayudaran, pero nadie nos respondía. En el Registro Civil me explicaban que un juez tenía que dar una orden para cambiar mi sexo erróneo; fui a la Corporación de Asistencia Judicial y ahí comenzó para mí una etapa súper humillante, porque tuve que ir al Servicio Médico Legal a hacerme exámenes para demostrar algo que es obvio, que soy mujer. Y por más pruebas que me hicieron, nada sirvió, porque en el Registro Civil seguían sin querer cambiar mi sexo.
Me acerqué también al Sernam, y nada. Pero cuando creía todo perdido, me enteré por medio de la Municipalidad de Puerto Montt que una institución en Santiago, a la cual no conocía, me estaba ayudando. Fue así como conocí a la Comisión Defensora Ciudadana.
Ellos se enteraron por la prensa de mi caso. Comenzaron a mandar papales al Registro Civil de Puerto Montt y a pedir antecedentes. Finalmente, una abogada de la Comisión, con un esforzado trabajo, logró lo que nadie había podido hacer: que el Registro Civil cambiara mi sexo. Fue como un regalo caído del cielo, porque las personas que trabajan en la Comisión, sin conocerme, se esforzaron por ayudarme. Me sentí por primera vez protegida.-
|
|